Actividades deportivas en Picos de Europa. Café con Noelia García

El pasado 3 de julio de 2020, la asociación Yuropía organizó un café virtual con Noelia García, bajo el título de “Actividades de naturaleza en Picos de Europa: cien años de evolución en las tendencias deportivas“.

Noelia García es una joven antropóloga asturiana, titulada por la Universidad Complutense de Madrid, que realiza trabajo de campo en la comarca de Picos de Europa, y en concreto, en Cangues d’Onís, para su tesis doctoral, centrada en la antropología ambiental.

En esta charla informal nos desvela algunos de sus intereses, que plasma en su tesis pronta a finalizar, una investigación dirigida por Beatriz Santamarina Campos (Universitat de València) que tiene por objeto analizar los cambios ambientales, sociales y económicos derivados de la reclasificación de los Picos de Europa como Parque Nacional.

Al café virtual se accede desde aquí.

José Antonio Méndez y la articulación ritual de lo asturiano

 

José Antonio Méndez Sanz, en la tarde de ayer, en Oviedo.

 

El diario La Nueva España se adelanta una semana para ofrecer una entrevista a José Antonio Méndez Sanz. La entrevista versa acerca del contenido de la conferencia que impartirá en Oviedo, el próximo día 21 de abril, dentro del ciclo “Antropología social y cultural: de los viejos a los nuevos objetos de estudio” organizado por el RIDEA en colaboración con ASAPE.

La conferencia se titula: “La Nueva España como lugar de articulación ritual de lo asturiano”. En la entrevista, bajo los titulares “LA NUEVA ESPAÑA es un diario hidalgo, del norte, donde no hay servidumbres” y “La edición en papel es de culto, se comulga con el periódico, es como una seronda que mantiene la moral colectiva sin caer en el narcisismo”, Méndez adelanta que este periódico es un lugar donde se ve muy bien lo que es lo asturiano, entendido, obviamente, sin esencialismos.

La entrevista, de contenido exclusivo para suscriptores en su edición digital, se puede leer aquí.

Recordamos que el conferenciante de mañana, jueves, día 14 de abril, será José Ángel Gayol, con el título: “Investigar entre mormones. Dudas metodológicas y reflexiones éticas”. El ciclo de conferencias tiene lugar todos los jueves del mes de abril, a las 19:30 horas en el salón de actos del RIDEA, en el Palacio Conde de Toreno, Plaza Porlier, s/nº, Oviedo.

 

Foto: Miki López, La Nueva España.

Konvalinka: “Desde los romanos escuchamos que se está destrozando la familia”

 

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“Desde los romanos escuchamos que se está destrozando la familia”. “La ausencia del padre en un hogar con una madre soltera por elección no implica que el niño carezca de modelo masculino”.

Estos son los titulares de una entrevista que realiza Marcos Palicio a la Dra. Nancy Konvalinka, publicada por el periódico La Nueva España de hoy. Se puede leer en su edición en papel y, de manera digital, en formato para suscriptores.

La doctora Nancy Konvalinka pronunció ayer en el RIDEA la conferencia “La antropología del parentesco y las familias que deseamos: nuevas perspectivas”.  dentro del ciclo Antropología social y cultural: de los viejos a los nuevos objetos de estudio” que organiza el RIDEA en colaboración con ASAPE.

 

Foto: Irma Collin. La Nueva España.

 

María Cátedra en Asturias

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La primera e interesantísima conferencia que ha dado en una ciudad asturiana la antropóloga pionera en trabajo de campo realizado en Asturias, María Cátedra, ha sido recogida por la prensa regional.

La conferencia llevaba por título  “Los vaqueiros y yo. El ritual de paso de una joven antropóloga” y forma parte del ciclo  titulado ” Los inicios de la Antropología en Asturias. Tres testimonios autobiográficos”, organizado por ASAPE (Asociación Asturiana de Antropología y Patrimonio Etnológico /Asociación Asturiana d’Antropoloxía y Patrimoniu Etnolóxicu), en colaboración con el Muséu del Pueblu d’Asturies. 

El diario La Nueva España de hoy 15 de abril publica a página completa una entrevista, con fotografía de Juan Plaza que encabeza este post. Se puede leer en su edición de papel y digitalmente mediante suscripción.

En El Comercio, se puede leer otra entrevista, anterior a la intervención, así como una reseña de la misma del día de hoy, acompañada por foto del acto. En dicho acto, fue presentada por Juaco López Álvarez, director del Muséu del Pueblu d’Asturies y Yolanda Cerra Bada, presidenta de ASAPE. Al fondo, una de las fotografías realizadas en su trabajo de campo entre los vaqueiros, del fondo que donó recientemente María Cátedra al Muséu .

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Entrevista a Llorenç Prats

La Asociación Sociocultural La Ponte publica en su blog una entrevista a Llorenç Prats como consecuencia de unas jornadas sobre Patrimonio Cultural que se organizaron en Santo Adriano. Dejamos colgada la entrevista, en la que participaron amigos y colaboradores de este blog, y resultaría interesante que nuestros dirigentes políticos tomaran buena nota de lo que aquí se responde por parte de una autoridad indiscutible en la materia, por el enfoque práctico que adopta Prats, y que es muestra de la avanzada perspectiva que toman en otros lares. Por supuesto, cualquier otro lector que no sea antropólogo (o político, en su caso) sacará también jugosas conclusiones. El enlace original de la asociación La Ponte se puede ver aquí:

Llorenç Prats es profesor titular de Antropología Social de la Universidad de Barcelona. Profesor, coordinador de proyectos  y miembro del Consejo de Estudios del Master en Gestión del Patrimonio Cultural. Profesor invitado a diversos masters, cursos de posgrado y seminarios sobre patrimonio cultural y turismo, de universidades españolas y extranjeras. Evaluador externo de varias revistas especializadas e instituciones científicas. Miembro del comité editorial de la Biblioteca de Dialectología y Tradiciones Populares del CSIC, de la Red de expertos del Campus de Excelencia Internacional en Patrimonio (Andalucía), de la Red Iberoamericana para el uso turístico responsable de los recursos naturales, del Grupo de Investigación Consolidado de Análisis territorial y desarrollo regional y exmiembro de la comisión ejecutiva de la Junta de Museos de Cataluña. Antiguo presidente de la Asociación Catalana del Patrimonio Etnológico (1990-1993). Coautor y redactor del proyecto del Ecomuseu del Valls d’Àneu, premio nacional de cultura popular 1994. Premio “Xarxa” de Ensayo 1987 por “El mite de la tradició popular”. Autor de diversos proyectos turístico-patrimoniales y culturales, y de numerosas publicaciones sobre patrimonio, turismo, historia de las ideas científicas y las bases simbólicas de la identidad.

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Recientemente ha visitado Asturias, para participar como ponente invitado en las Primeras Jornadas sobre Patrimonio Cultural que la Asociación Sociocultural La Ponte ha organizado en Villanueva de Santo Adriano los días 6, 12 y 13 de abril, con la colaboración de la Fundación Valdés-Salas, la Universidad de Oviedo, la UNED-Asturias y el Ayto. de Santo Adriano.

Desde La Ponte surgió la propuesta de realizar una entrevista colectiva a Llorenç, en la que han participado asistentes y ponentes de estas Primeras Jornadas, que se desarrollaron bajo el título: Patrimonio Cultural frente a la crisis: ¿más Estado, más comunidad, más mercado?

El título de la charla impartida por Llorenç el día 6 de abril de 2013 fue: “Patrimonio, turismo y participación social”. Se celebró a continuación un interesante debate en el que surgieron muchas preguntas, pero, como siempre suele ocurrir, otras se quedaron en el tintero. Gracias a la amabilidad de Llorenç para respondernos podemos recuperarlas en el marco de esta entrevista participativa.

¿Qué conoce usted de Asturias? ¿Qué impresión tiene del Principado como destino turístico?  ¿Y de los Valles del Oso?

Conozco Asturias únicamente como turista, turista recurrente, pero turista al fin, lo cual implica necesariamente una cierta superficialidad, aunque, como antropólogo, no puedes dejar de fijarte en ciertos detalles que tal vez a alguien menos acostumbrado a observar, profesionalmente, le pasarían por alto o no le llamarían la atención. Es curioso que, al responder esta pregunta, me doy cuenta de que tengo una visión de Asturias muy fragmentada: los Picos de Europa por una parte, la Costa Occidental, los Oscos, Oviedo, Gijón, Avilés menos, parte de la cuenca minera y quizás Llanes. Este sería aproximadamente mi peculiar mapa de Asturias. No conocía los Valles del Oso y cuando me pregunto por qué, pienso que muy probablemente se deba a un rechazo del tópico evidente, una especie de elitismo turístico, como quien dice “¿qué se me ha perdido a mi yendo a avistar osos imaginarios por la montaña como un imbécil?”

Todo esto se relaciona con mi impresión sobre el Principado como destino turístico. Tengo la sensación –sólo la sensación, porque no tengo datos para corroborarlo más allá de mis observaciones turísticas- de que Asturias, como destino turístico, se ha quedado en la ciertamente afortunada imagen promocional del “paraíso natural”, pero que, detrás de ella, no hay un destino turístico articulado, sino productos diversos, aquí y allá, sin una planificación de conjunto. Desde Taramundi, Bulnes no existe, por ejemplo, y viceversa y casi osaría decir que, salvando las distancias, sucede lo mismo entre Oviedo y Gijón. No es un caso raro, por desgracia, ahí tenemos mucho que aprender de los franceses.

Nos comentaba en su charla que el turismo no tiene por qué transformar las culturas e identidades de las poblaciones que habitan un territorio, pero en Asturias observamos que sí imprime cambios importantes en las prácticas económicas. Si los hijos de los campesinos se convierten en recepcionistas de hotel ¿no supone esto una alteración de las culturas y las identidades locales? ¿Puede realmente preservarse una identidad cultural frente a los cambios que parece traer el turismo? En Asturias tenemos un turismo que sólo se concentra en los meses de verano ¿cree que es posible que se desestacionalice a través de una oferta de turismo cultural?

Vayamos por partes. Cuando digo que el turismo no invade nuestras culturas, nuestra forma de vida, me refiero a los propios flujos turísticos y su actividad. El turismo es, por definición, superficial, los factores “ocio” y “temporalidad” son definitivos en este sentido, sino ya no estaríamos hablando de turismo, sino de trabajo de campo, en cualquiera de sus acepciones. Por tiempo y actitud lúdica el turista consume una versión ad-hoc y simplificada de los lugares y las poblaciones que visita, u los productos turísticos, cuando se conciben como tales, son escenografías y representaciones para el consumo de los visitantes. Es un intercambio comercial.

Otra cosa es la progresiva sustitución de determinadas actividades económicas por los servicios turísticos. Esto es lamentable en el sentido de que el turismo se convierte en muchas zonas (no sé si en Asturias) en una especie de “monocultivo”, lo cual representa siempre un empobrecimiento en las expectativas personales, da igual si hablamos de turismo o de minería. Lo ideal es que las oportunidades de trabajo sean diversificadas, pero claro, cuando, por obra de la globalización económica, y en nuestro caso de las directrices de la Unión Europea, la agricultura, la ganadería, la pesca, la minería y la mayoría de sectores industriales dejan de considerarse competitivos, nos vemos abocados a sobrevivir de lo que se puede. No sé si es peor el turismo o el panorama que ha dejado la abusiva generalización de tempranas prejubilaciones en la cuenca minera. Claro que esos fenómenos alteran la cultura, las formas de vida, la visión del mundo, de la población, pero eso no es atribuible al turismo, como tal, sino a una dinámica económica perversa y generalizada. Incluso podría decirse que un sector turístico bien organizado (que es algo que no existe en ninguna parte) podría estimular una cierta recuperación integral del país y fomentar la innovación en muchos casos. Pero el turismo es ante todo una actividad privada, un negocio, y el beneficio prima por encima de cualquier otra consideración.

¿Se puede vivir de un turismo estacional? ¿Quién? Los propietarios de los establecimientos seguramente sí porque reducirán los costes al máximo (incluidos los salarios del personal) y maximizarán los márgenes de beneficio. Conocí un hotel familiar en Suances (Cantabria) cuyos propietarios vivían cómodamente todo el año con los beneficios obtenidos en la temporada de verano. Si hablamos de grandes cadenas aún más, porque compensan unas zonas con otras y ajustan la oferta (reducción de plantillas, por ejemplo) con una gran precisión. Ahora bien, los trabajadores del sector turístico, las pequeñas empresas… difícilmente pueden vivir de un turismo estacional sin complementar esta actividad con otros ingresos. En Cataluña, hace unos años (no sé si aún se practica) muchos jóvenes de la zona de Lérida trabajaban en verano como camareros en Salou y en invierno como pisteros o monitores en la estación de esquí de Baqueira. Si eres joven, un año o dos hasta puede ser divertido, pero no es una forma de vida sostenible. El problema, nuevamente, no es el turismo, sino el funcionamiento del mercado y la propiedad. ¡Deberíamos tener empresas de actividades turísticas y hoteles cooperativos! ¿Por qué quienes viven bien del turismo son tan sólo accionistas y propietarios, a veces anónimos, otras perfectamente conocidos, da igual?

Llorenç Prats con La Ponte

 

En Santo Adriano ha compartido experiencias con la Asociación Sociocultural La Ponte, un pequeño grupo de vecinos que lidera un proyecto local de activación patrimonial, ¿qué opinión le merece este tipo proyectos frente a las propuestas macro? ¿Cree que el patrimonio cultural del Valle del Trubia puede convertirse en un valor añadido para una zona que no termina de despuntar como destino turístico?

Para empezar, ese tipo de proyectos merecen toda mi simpatía y solidaridad. Suelen tener muchas dificultades para salir adelante. Yo, de hecho, sólo veo dos caminos: la escala, que implica un gasto mínimo para obtener unos ingresos bajos pero suficientes para subsistir, o la creación de un destino turístico (un subdestino dentro del destino mayor que sería Asturias). Esto implica disponer de una adecuada infraestructura de alojamiento y restauración (mi experiencia en este sentido fue buena, pero habría que preguntarse si es suficiente), unas comunicaciones adecuadas, que, a mi entender, para el tipo de turismo que puede atraer Asturias están bien y unos atractivos turísticos, unos productos, suficientemente auténticos, singulares y relativamente variados como para “entretener” a los visitantes. A esto habría que añadir un comercialización adecuada al público objetivo (seguramente a través de Internet, de una o varias –en red- páginas Web 2.0) y una promoción eficaz (seguramente también a través de las redes sociales, de una presencia activa en Facebook y Twitter por lo menos). Pero ¡cuidado! Primero hay que tener los distintos productos bien dispuestos y en red, de forma que el destino o subdestino esté en condiciones de acoger a los visitantes. No podemos vender destinos ni productos que aún no existen o que están a medio hacer.

¿Cuáles cree que son los pasos que podría/debería seguir una iniciativa social-comunitaria para llevar a cabo un proyecto de desarrollo social, cultural y económico a nivel local? ¿Y quiénes son los agentes que deberían estar implicados? ¿Cuál debe ser el papel de los expertos en un proceso de estas características y más concretamente el de los antropólogos? ¿Y el de los legos?

Entiendo que cualquier iniciativa de ese tipo debe partir de los agentes y que los agentes son principalmente los emprendedores implicados, ilusionados, dispuestos a llevar adelante una empresa común en este campo. Utilizo el término “emprendedores” con plena conciencia, no es que me haya contagiado del eufemismo político-mediático que de la noche a la mañana ha convertido a los “empresarios” en “emprendedores”. No, estoy hablando de emprendedores refiriéndome a personas, individuales o en grupo, que están dispuestos a invertir su capital (aunque sea únicamente un capital humano, su fuerza de trabajo) en crear, conjuntamente con otros emprendedores, los distintos productos e infraestructuras que van a configurar el destino. No con la idea de que todos trabajen en todo y el valle se convierta en una macrocooperativa, sino más bien (porque es más viable), con la idea de que cada cual trabaje en lo suyo, pero planificadamente y coordinadamente, de acuerdo con unos estándares fijados de modo colectivo. No creo que haya otros agentes (y en todo caso más vale andarse con cuidado) más allá de aquellos que quieran vivir en el valle y dignificarlo, también como destino turístico, incluso los que no se dediquen directamente a la actividad turística pero que puedan prestar otro tipo de servicios y de producción de bienes necesarios para el funcionamiento del destino turístico.

En los tiempos en que vivimos, pienso que de la administración se puede esperar-pedir facilidades y tal vez alguna línea de subvención o de acceso a créditos blandos. Pero no es la administración quien debe encabezar un proyecto de estas características, sino los propios interesados en vivir y ser felices en el valle.

¿Qué acciones considera prioritarias para un proceso de activación patrimonial?

Deberíamos partir de la idea de que existe una decidida voluntad e interés por parte de los distintos agentes implicados y que la administración local y la población –en general- lo ven bien, o, por lo menos no existe una oposición significativa en este sentido. Si esto no se da, lo primero que se debe hacer es hablar, hacer pedagogía de la iniciativa e intentar conseguir este clima de consenso. Sin él, aunque sea por consentimiento pasivo, sería un suicidio y una contradicción seguir adelante.

Si disponemos de unos agentes motivados y dispuestos y de una complicidad, más o menos entusiasta, por parte de la administración local y la población, el principal instrumento y que debe guiar todos nuestros pasos es el proyecto, que, en el caso al que nos referimos podría tomar la forma de un plan director. Este proyecto tiene una primera fase diagnóstica, muy importante, a partir de la cual se pueden plantear, a modo de hipótesis, los objetivos generales y particulares y las estrategias, tanto para superar nuestras debilidades y amenazas que podamos detectar, como para aprovechar nuestras fortalezas y las oportunidades que se puedan producir (por expresarlo en terminos DAFO), como para dotarnos de los medios necesarios para alcanzar nuestros objetivos, de una forma progresiva, desde la optimización de los recursos disponibles a la obtención de otros necesarios (financiación, por ejemplo), la definición de publicos y el estudio de viabilidad (incluyendo un presupuesto realista), el plan de comunicación, etc.

Este proyecto debería dar paso a una priorización de las actuaciones que ya requerirían de sendos proyectos ejecutivos, previendo hasta el detalle intervenciones, materiales, costes, etc. y, finalmente, deberían diseñarse para el conjunto del proceso, pero especialmente para medir correctamente los resultados, sistemas de control y evaluación.

Todo esto puede parecer muy complejo, pero, en el fondo , si bien es laborioso, es tan asequible como necesario, sólo hay que tener en cuenta algunos principios básicos, como no engañarnos a nosotros mismos ni dar nada por supuesto y aplicar siempre la imaginación creativa pero realista. Sin proyecto, o con un proyecto deficiente, cualquier activación patrimonial se despeña casi irremediablemente, desgraciadamente hay muchos ejemplos.

En la charla que impartió en Villanueva de Santo Adriano habló brevemente de un concepto museológico, los economuseos, y citó a uno de los creadores de esta idea, Cyril Simard, quien los define como instituciones en las que “el patrimonio se gana la vida”. ¿Podría explicarnos con un poco de detalle el significado de esta cita?

La noción de economuseo de Simard se relaciona estrechamente con el concepto de patrimonio vivo, es decir, todas aquellas prácticas, artesanías o industrias tradicionales que subsisten en un determinado territorio y pueden conllevar una atracción turística. Se relaciona también estrechamente con la idea de productos de proximidad y de conservación del paisaje cultural. La idea consiste en integrar en la oferta turísticopatrimonial de un territorio tanto la conservación del paisaje natural y construído como las colecciones de objetos, lugares y manifestaciones patrimoniales con las actividades económicas propias del lugar que añaden a su interés comercial el valor añadido que representa el patrimonio en particular y en general (el entorno). Por tanto, propone una interacción entre los elementos estrictamente patrimoniales, el contexto ecológico y las actividades económicas tradicionales, ya sean de carácter agropecuario, artesano o industrial. Es una visión global e interactiva del patrimonio por la cual se propone que éste, en su conjunto, incluyendo las actividades productivas, se convierta en un factor de desarrollo. Es importante señalar la necesidad de la transmisión de los conocimientos tradicionales en este proceso (incluso su recuperación cuando, planteados a pequeña escala, puedan ser económicamente rentables), así como la evolución de estas mismas técnicas, siempre y cuando se pueda seguir explicando el proceso evolutivo desde sus formas más tradicionales. Yo añadiría –esto no lo dice Simard-, que no tiene porque haber ningún inconveniente para introducir nuevas artesanías, aun cuando antes no estuvieran en la zona, o nuevas industrias tradicionales, siempre y cuando mantengan la coherencia con el territorio.

En cualquier caso, como dice José Luis García, “el patrimonio son recursos para vivir” y, si se lleva a cabo un proyecto patrimonial de inspiración ecomuseística, es decir, que contempla el patrimonio al servicio de la población, creo que debe existir la posibilidad de que las actuaciones patrimoniales contribuyan a mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la zona, lo cual no tiene porque traducirse exclusivamente, ni necesariamente, en términos monetarios.

Entrevista a Tim Ingold

En la revista cultural Ñ del diario Clarín aparece una entrevista a Tim Ingold que no tiene desperdicio. Se titula “La antropología en crisis” y casi está dicho todo. La transcribimos aunque se puede hallar aquí:

Mientras que en el ámbito de las ciencias sociales las escuelas y teorías se multiplican, el antropólogo británico Tim Ingold parece responder sólo a sí mismo. Difícilmente clasificable en una corriente en particular, sus aportes teóricos a la antropología lo convierten en una figura insoslayable. Profesor de Antropología Social en la Universidad de Aberdeen (Escocia), Ingold estuvo en Buenos Aires a fines de 2012, dictó una conferencia en la Universidad Nacional de General San Martín y también viajó a Córdoba donde dictó un curso en el Museo de Antropología de la Universidad de Córdoba.

Ambientes para la vida. Conversaciones sobre humanidad, conocimiento y antropología es el título de su único libro traducido al español.

Sobre el papel de la antropología en el presente y en el futuro, en Europa y en América Latina, dialogó con Ñ .

¿Qué definición le cabe a la antropología en esta época y en este contexto?

Tenemos que movernos más allá de la idea de que la antropología estudia las culturas. Necesitamos pensarla como una disciplina especulativa, que mira las posibilidades y potencialidades de los seres humanos. Por eso, según mi definición, es una filosofía que incluye a la gente. No es sólo pensar cómo fue o es la vida humana en ciertos lugares o momentos sino cómo podría ser, qué tipo de vida podríamos vivir. La antropología debería mirar al futuro a través de la lente del pasado. Debe ser especulativa y no sólo una disciplina empírica.

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¿Y entonces qué distingue a la antropología del resto de las ciencias sociales?

Puede pensarse en las ciencias sociales como conformando un paisaje donde cada disciplina es definida por el lugar donde se ubica. Se puede ver entonces que la antropología está hablándole a los sociólogos, a los historiadores, a los lingüistas. Si se toma la sociología, los sociólogos le están hablando a los antropólogos, a los historiadores, pero también a los economistas o a los historiadores del derecho, a los cuales la antropología no les habla. Entonces vemos diferentes lazos con diferentes disciplinas. Todas están conectadas pero ocupan diferentes posiciones en este paisaje. El ambiente de la investigación puede definirse como ese paisaje, con diferentes colinas o montañas donde están la antropología, la sociología, etcétera. Se puede ir de una a la otra sin cruzar ningún límite en particular. El punto es que cada disciplina no es más que un grupo de gente haciendo cosas y conversando. A esa conversación se une mucha gente, cada uno con su propio campo de referencia, en términos de a quiénes leyeron, dónde estuvieron, en que país estudiaron. Por eso no creo que se pueda hablar de disciplinas como si fueran una suerte de supraorganismo. Las ciencias sociales sólo se distinguen entre sí por las conversaciones que tuvieron. Y eso es lo divertido: que todos traemos algo diferente a esa conversación. Y nunca se sabe qué va a salir de eso.

Sin embargo, esa conversación interdisciplinaria no parece funcionar del todo bien. A veces, ciertas disciplinas parecen jugar su propio juego y eso hace que ciertos temas que fueron largamente debatidos en una disciplina sean redescubiertos en otra.

Sí, y eso es extremadamente problemático. Los antropólogos del Reino Unido tenemos problemas para hablar con las ciencias políticas. También tenemos un problema similar con la psicología, donde hoy se dan por sentado supuestos que nosotros deconstruimos hace tiempo. Y esto no sólo afecta a las ciencias sociales. Por ejemplo los biólogos comenzaron a darse cuenta de que la teoría dar-winiana estándar no era suficiente como para explicar la cultura. Entonces ahora aparece la Teoría de la Construcción de Nicho, es decir, la idea de que los humanos son animales que continuamente están construyendo su nicho y que los efectos de esa construcción condicionan la forma en que las futuras generaciones viven. Pero están reinventando la pólvora. Esa idea está bien establecida en antropología desde hace tiempo. Lo único que agregaron es la formalización. Lo hacen de una manera matemática de modo que la gente del ámbito de las ciencias naturales pueda entender esa idea y respetarla. No están preparados para entender o respetar una teoría si no está planteada de esa forma. No es tanto una nueva teoría, entonces, sino una traducción a un nuevo lenguaje de algo que ya sabíamos hace tiempo. Por eso que pienso que una de las principales tareas de la antropología es demostrar que hay formas distintas de ver las cosas, diferentes a lo que hoy es corriente en economía o en psicología. En ese sentido la antropología es una disciplina antidisciplinaria ya que está contra la idea de que todo el terreno del conocimiento puede dividirse en diferentes países, que estudian diferentes disciplinas. Además, la antropología es totalmente antiacadémica. Nos apoyamos en el mundo académico para existir pero siempre desafiando el modelo académico de producción de conocimiento. La antropología nos dice todo el tiempo que la gente con la que trabajamos es la que conoce lo que pasa, que deberíamos aprender de ellos.

Usted fue uno de los primeros en criticar la separación que se hizo a lo largo de la historia entre naturaleza y cultura. Este es un debate que se está dando ahora en otras disciplinas, fuera de la antropología. Y si bien hay un acuerdo respecto de que hay que superar esa división no parece existir un acuerdo hacia dónde se dirige esa alternativa, ¿Cuál sería su propuesta?

Mi propuesta es procesual, relacional y vinculada con el desarrollo o crecimiento. Los conceptos de naturaleza y cultura son sustantivos. Tendemos a pensar en el mundo como algo que ya existe de entrada. Pero en vez de esto, supongamos que el mundo del que hablamos es un mundo que se está haciendo todo el tiempo, que no es nunca el mismo de un momento al otro. En cada momento este mundo se esta revelando, desarrollando. Tenemos entonces que pensar en términos de verbos, más que de sustantivos, como algo que se está convirtiendo en lo que es. Y entonces podemos pensar en las formas que vemos como surgiendo de ese proceso. Por ejemplo, el biólogo supone que la forma ya está prefigurada en el ADN de un organismo y la única cosa que hace la vida es revelar esa forma. La alternativa que propongo es pensar que esas formas de vida, de organismos, de artefactos, son patrones emergentes que surgen de un proceso de desarrollo o crecimiento que se está llevando a cabo de manera continua. Las formas surgen del proceso que les da lugar. Hay que empezar a hablar de desarrollo entonces.

¿Habla del desarrollo a nivel de los individuos o de los grupos?

No veo que haya individuos versus grupos. El organismo es un lugar en un campo de relaciones. Volvamos otra vez al paisaje: se puede tomar un lugar dentro de ese paisaje y ese lugar estará creciendo, se estará desarrollando: eso es el organismo. Tenemos que dejar de pensar en individuos y grupos y comenzar a pensar en posicionalidad, en lugares o puntos en un campo de relaciones. Eso es lo que me satisface de la Teoría de los Sistemas de Desarrollo, que permite pensar en esos términos. Por ejemplo, normalmente se piensa en las habilidades como transmitidas de una generación a la otra. Para mí, nada se transmite. Las habilidades crecen de nuevo, se recrean con cada generación. Lo que una generación contribuye a la siguiente son los contextos de aprendizaje en los cuales los novicios pueden redescubrir por ellos mismos lo que sus predecesores ya conocían. Vamos a un ejemplo: supongamos que hay un granjero que tiene una granja y que muchas generaciones después sus descendientes siguen cultivando esa granja. La gente que se enmarca dentro de la Teoría de Construcción de Nicho diría que ese es un ejemplo de herencia ecológica, ya que el primer granjero creó un nicho y se los pasó a sus descendientes. Pero la realidad es que esa tierra cambió. En un sentido legal se puede decir que el descendiente heredó la tierra pero en un sentido práctico el descendiente trabaja esa tierra y la mantiene productiva gracias a su trabajo. Así seguramente usó técnicas totalmente distintas a las que usaba su abuelo. Y descubrió las cosas que conocía su abuelo pero al mismo tiempo descubrió cosas nuevas. El trabajo de una generación armó las condiciones del trabajo de la siguiente. Y eso no es otra cosa que la historia. Lo cual nos lleva a que hay que romper la división entre historia y evolución. No podemos tener una teoría en historia y otra en evolución. Necesitamos una teoría general de la evolución que se enfrente al darwinismo, como hizo la teoría de Einstein respecto de la de Newton. La física newtoniana sirve, funciona, pero sabemos que no es del todo correcta y que el universo no funciona exactamente así. Lo mismo pasa con el paradigma darwiniano: funciona la mayor parte del tiempo pero en lo que respecta a la historia humana no es exactamente así. Necesitamos una teoría para la cual el darwinismo sea un caso especial.

En el mapa académico usted no parece una figura fácilmente clasificable. ¿Usted, cómo se definiría?

Bueno es gracioso porque yo siempre me pensé como un antropólogo. Siempre pensé que la antropología es la única disciplina que puede unir a las ciencias naturales y a las humanidades, de una forma que no sea reduccionista y sin sacarlas de la realidad, sino comprometida con ella. Pero fui en esa dirección y al hacerlo me alejé cada vez más de la antropología tal como se practica hoy. Creo que eso habla también de lo que le pasó a la antropología en estos últimos tiempos: por lo menos en Gran Bretaña: está fuera de los debates importantes. En los debates que se escuchan en los medios, uno ve historiadores, psicólogos, biólogos pero no se ven antropólogos. Están por fuera de todas las grandes preguntas: qué significa ser humano, los problemas ambientales, etcétera. Los antropólogos tienen cosas terriblemente importantes para decir sobre eso pero, en cambio, se escuchan a los economistas o psicólogos difundiendo malentendidos que nos llevará años corregir. Esto no es enteramente culpa de los antropólogos, porque la popularización de la ciencia en los medios depende de una fórmula particular. Si se trabaja en publicidad hay que ser muy consciente de lo que la gente quiere o piensa, darle un giro y venderlo bajo una nueva forma. La popularización de la ciencia hace exactamente eso. Toma lo que la gente piensa, le da un nuevo enfoque y se lo ofrece de nuevo al público diciéndole que es el último adelanto en investigación científica. Obviamente los antropólogos no están preparados para jugar ese juego. La antropología trabaja para poner todas las certezas en cuestión. Y eso a la gente no le gusta. Por eso a la antropología le resulta difícil venderse sin comprometer sus principios. Pero tampoco me parece bien que se hayan abandonado las grandes preguntas. Para despertar algún interés, la antropología debería hacerse esas preguntas. La disciplina está sufriendo una cierta crisis de confianza, posiblemente relacionada con un ambiente académico inseguro: no hay muchos puestos laborales y por eso los estudiosos se ocupan de los temas pequeños, tratando de sobrevivir enfatizando el tema que sienten que los hace diferentes. Y eso no es una buena estrategia si querés salir al ruedo público y hacer ruido.

¿Qué nota de distinto entre la antropología británica y la que se hace en los distintos países de Latinoamérica?

Durante esta visita me encontré con gente de la Universidad de San Martín y fue muy interesante porque, por un lado la antropología que ellos están enseñando es una antropología social muy tradicional, la que me era familiar en los sesenta, cuando era estudiante. Pero ellos me dicen que esa antropología significa algo muy diferente en la Argentina. Porque aquí la antropología política se compromete con las peleas que se están dando en el país mientras que en Gran Bretaña la antropología política está desconectada de la vida política de la nación. Otro es el caso de Brasil: están muy influenciados por Francia y Norteamérica pero son lo suficientemente fuertes, ingeniosos y poderosos como para desarrollar sus propias aproximaciones. Del resto de Latinoamérica no puedo hablar demasiado.

Finalmente, ¿cuál es el papel que tiene la antropología en esta época?

Todas las disciplinas tienen subidas y bajadas. Hay momentos en que algunas son muy poderosas y llevan la delantera a las demás. En los años 50 y principios de los 60 la antropología iba a la vanguardia. Los antropólogos británicos eran líderes entre los intelectuales: Edmond Leach, Evans Pritchard, Raymond Firth, estaban en la radio, escribían en los diarios, eran figuras públicas. Hoy en día eso no pasa y hay otras disciplinas que tomaron la delantera. Creo que ese es uno de los resultados de la tendencia contemporánea de la antropología a retrotraerse dentro de la etnografía y olvidarse las grandes preguntas.

Entrevista a Adolfo García Martínez en La Nueva España

Con ocasión de la reciente publicación del libro Antropología de Asturias II. El cambio: la imagen invertida del otro, y su presentación el jueves, 26 de enero en el RIDEA, el antropólogo asturiano Adolfo García Martínez concede una entrevista al diario La Nueva España, y la transcribimos a continuación:

Si hay alguien que conozca en profundidad la realidad del campo asturiano y con ella la aguda crisis que atraviesa la sociedad rural es el antropólogo Adolfo García Martínez. Autor de numerosos estudios y publicaciones sobre la cultura tradicional y profesor de Antropología de la UNED, García Martínez presenta hoy , a las siete y media de la tarde, en el RIDEA, «Antropología de Asturias II. El cambio: la imagen invertida del otro», donde analiza las razones de la transformación de la sociedad tradicional y sus consecuencias para finalizar exponiendo algunas reflexiones y propuestas orientadas a recuperar lo más valioso de nuestra cultura.

-Recientemente, supimos que 15.000 asturianos dejan cada año el campo para establecerse en poblaciones del centro.

-No cuento los que se marchan, pero recorro mucho Asturias en coche y a pie y veo que cada mes una casa se cierra y un pueblo más se deshabita. Es un movimiento que se inicia en los años sesenta del siglo XX sin que hasta ahora se haya encontrado una fórmula de fijar población, es decir, que comience a haber matrimonios y nacimientos y no sólo entierros.

-¿Tiene explicación una huida tan masiva?

-Intento ver dónde están las raíces para tratar de aportar alguna propuesta. La sociedad rural se rompe por dentro, llega un momento en que los mecanismos que durante siglos funcionaron para mantener la continuidad de la población rural entran en crisis, lo que denomino proceso de enculturación. En la sociedad tradicional los agentes eran la gente mayor y, particularmente, la mujer, la abuela; los contenidos eran la tradición y los medios, la palabra. Pero esa estructura sólida que es la familia, en la que se apoya la sociedad rural, se rompe desde dentro.

-¿Qué papel juega la mujer en esa crisis?

-Una de las causas de la ruptura de ese círculo perfecto es el abandono de la mujer. La relación madre-hija es capital para entender la crisis de esta sociedad. Las mujeres, sometidas durante generaciones a un patriarcado tremendo, a un machismo terrible, sufren mucho para llegar de nuera a ama de su propia casa. Frente a eso la madre va proyectando en sus hijas un nuevo modelo de vida y de familia que es inalcanzable en el medio rural. El rechazo a una vida penosa en el campo lleva a las hijas a buscar un trabajo en la ciudad. Pero con esta salida no sólo huyen las hijas, también lo hacen sus potenciales nueras y condenan a sus hijos a la soltería, por tanto, la crisis de la vida social genera crisis biológica, la doble vida. Al no haber filtros, ni mecanismos de defensa, la sociedad rural queda a merced de lo que llega de fuera, a merced de los cantos de sirena que defienden la vida en la ciudad.

-¿Qué importancia tiene la economía en el abandono del campo?

-La despoblación se inicia con una ruptura interior, no es una causa económica, son más bien aspectos de tipo sociológico. Al mundo rural le roban su propia historia diciéndoles que su cultura es marginal, que es subdesarrollo. Se sacrifica una forma de vida en nombre del progreso.

-¿La difícil coyuntura económica puede impulsar el retorno?

-Hubo ayuntamientos que ofrecieron casa y tierras, pero hay muchos problemas. Para vivir en el medio rural de la agricultura y la ganadería hay que tener una infraestructura importante y hay que saber mucho. Un urbanita desconoce cuándo se planta un ajo o cuándo una vaca está en celo, no sabe cuándo se corta la madera, ni injertar un árbol. No sabe nada de interpretar fenómenos meteorológicos… es una sabiduría que hoy no se tiene. La gente del campo encomendó la educación de sus hijos a instancias exteriores porque no se sentía capaz de formar a sus hijos para lo exterior, que era lo bueno, lo que atrae. La escuela fue uno de los mecanismos más potentes de «desruralización» porque la gente del campo empezó a dudar si valdría la pena transmitir su forma de vida a sus hijos.

-Algunos matrimonios jóvenes han decidido apostar por el mundo rural.

-Hay algunos, pero ya es con una economía mixta, diversificada. A lo largo de varias décadas he visto cómo cambian las familias y en las que quedan uno de los dos trabaja en algo ajeno a la casería. Hay que tratar de que la mujer tenga un protagonismo, una actividad, bien como dueña de la casería u otro trabajo fuera. Será una forma de fijar población, pero con familias que viven dentro, de ahí tiene que venir la recuperación. Los propios matrimonios que han resistido pueden ser la célula, el fermento.

-¿Falta apoyo de las administraciones?

-Es muy complejo porque el patrimonio rural tiene dos dimensiones: ecológico y cultural. No se puede conservar uno sin el otro. No se puede recuperar el ecológico sin recuperar el cultural y al autor de ese patrimonio, olvidado en nombre de un conservacionismo estúpido y vacío, como pasó con los parques naturales desde el marqués de Villaviciosa. Se quiso expulsar a los pastores de los Picos de Europa para conservar ese paisaje natural para el turista y el visitante olvidando que es obra de ese pastor. No hay turismo sin ecología y no hay ecología sin campesino.

-¿Asturias corre riesgo de perder su identidad?

-La identidad de un pueblo no está en las ciudades, que son todas iguales, está en esas raíces profundas que nos hemos empeñado en extirpar, precisamente por la asociación de cultura tradicional y subdesarrollo. Al mundo rural le robaron la historia desprestigiándola.

Adolfo García Martínez: «Hay que apoyar las explotaciones de tipo familiar»

La Voz de Asturias publicó en su edición de 14 de diciembre de 2011 una entrevista con el antropólogo Adolfo García Martínez. Por si llegara a perderse el enlace, la transcribimos a continuación:

En 2008 ya publicó un primer tomo de Antropología de Asturias. La cultura tradicional, patrimonio de futuro, también con Ediciones KRK. Ahora Adolfo García Martínez, antropólogo y profesor de Antropología Cultural de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), regresa con una segunda entrega en la que, tras analizar los problemas que afectan a la sociedad rural asturiana tras los cambios sufridos en las últimas décadas, plantea propuestas de cara al futuro, a la vez que defiende la necesidad de mantener algunos de los valores de la ruralidad.

Despoblación, soltería masculina, emigración masiva de las mujeres, abandono del campo y vejez. Esa es la situación de la Asturias rural que usted describe en Antropología de Asturias II. El cambio: la imagen invertida del otro ¿Es un libro apocalíptico? ¿Tiene futura la cultura tradicional o cuando menos su conservación?

No, en la primera parte hago un análisis del cambio rápido y profundo y que lo lleva casi todo por delante, generando una crisis demográfica y un envejecimiento de la población. Siempre soy optimista y no soy una persona dogmática. Lo que hago después de haberme pateado Asturias son propuestas para la reflexión a la vista de un trabajo de campo, de la lectura del paisaje y de más de 600 lecturas de artículos y de libro.

¿Qué debate pretende abrir entre tradición y progreso, turismo rural, museos o el papel del campesino en la conservación del patrimonio tradicional?

El primer paso con la Asturias rural es estudiar ese patrimonio tradicional y además hacen falta planes de actuación que estén bien hechos. Hay que saber por qué no funcionan las cooperativas o por qué algunos proyectos diseñados para el medio rural luego fallan cuando se aplican.

¿A qué lo achaca usted?

Nuestra cultura tradicional tiene todavía un impacto negativo: aún es sinónimo de subdesarrollo. Pero necesitamos recuperar este patrimonio porque nuestra sociedad actual posmoderna necesita de muchas de esas pautas que estamos queriendo tirar como el agua sucia. Subrayo muchas pautas que son interesantes para nuestra sociedad incluso urbana.

¿De qué pautas habla?

Hablo de las relaciones intergeneracionales, de las relaciones con la naturaleza, que se ajustaban a los ciclos naturales para producir productos de calidad. Hemos rotos con esos ciclos y hoy los productos son de bajísima calidad.

¿Equipara usted progreso a abandono de la tradición, ¿no hay nada positivo?

No. Pensar eso es un error de bulto. Lo que sucede es que no hay un progreso sostenible si no es hay una combinación de continuidad y de cambio, de tradición y de modernidad. Hay que partir del suelo que hay y corregir. Evidentemente las sociedad tradicionales tenían un montón de defectos, deficiencias y privaciones.

¿Estamos abocados a tener hoteles y casas rurales en un medio despoblado y sin vida?

El turismo rural no tiene sentido ninguno si no se conserva este patrimonio. No habrá turismo rural sostenible si no hay un espacio rural humanizado.

Usted se muestra crítico con la política de conservación por lo que afecta a la actividad tradicional.

Es que muchas actuaciones están pensadas solo para el turismo. Hay prohibiciones estúpidas hechas desde los despachos. Si en Picos de Europa no hay pastores, o no no hay trashumancia en las montañas de Somiedo, Quirós o Teverga, esas propuestas fracasarán también. Hay que conservar a la población autóctona. Por supuesto que hay que conservar el paisaje y tener normas, pero bien diseñadas para que no haya cabreos ni aburrimiento. Si no hay espacio humanizado, el espacio es fúnebre, aunque haya un ejército de guardas. Los conservacionistas han metido la pata porque incluso han querido expulsar al campesino de su propio medio y acabar con sus formas de vida en nombre de un conservacionismo estúpido y vacio.

Plantea usted subvenciones a la actividad campesina, pero ya las hubo y no han frenado la sangría demográfica del campo asturiano.

Hay que apoyar las explotaciones de tipo familiar, que son las que realmente conservan el paisaje. Una ganadería con 200 o 300 cabezas no solo no conserva paisaje, sino que lo deterioran. Defiendo explotaciones de 25 o 30 cabezas que pueden ser manejadas por una pareja y de unas subvenciones que les permitan vivir. Ese modelo de explotación familiar sí conserva el paisaje y controla sus residuos. Hay que ir a un modelo de economía mixta y diversificada, con la agricultura o la ganadería como soporte principal y donde el turismo es una actividad más.

¿Por qué unas nuevas subvenciones pueden ayudar?

Las ayudas son un arma de doble filo. Pueden ayudar a fijar población o matar la imaginación. No se trata solo de dar subvenciones por tener una vaca con una chapa. Esas ayudas deben implicar a su vez que hay que conservar el paisaje, estabular el ganado o limpiar caminos.

Asegura usted que el quid del problema está en el empleo femenino rural, ¿por qué?

Ha habido una huida masiva de la mujer joven del mundo rural y Asturias está llena de hombres solteros

Habla usted del final de la belle epoque deslumbrante de la globalización. La crisis, ¿puede ser una oportunidad para el medio rural, puede promover un retorno a las actividades agrícolas y ganaderas?

Qué más quisiera yo. Qué bueno sería que los parados o que los inmigrantes se vinieran al medio rural. Algunos ayuntamientos estarían dispuestos a proporcionarles tierras. Pero hay un problema difícil de resolver y es que el medio rural está todavía estigmatizado. Hay que cambiar muchos chips y volver a una imagen antropológica más tridimensional. Hay atisbos de cambio. En algunos casos el hombre de la ciudad busca mejorar y completar su propia identidad en el medio rural y busca esas cosas en el turismo rural, pero al mismo tiempo el hombre del medio rural busca la imagen del otro. Y se da esta inversión, unos van y otros vienen

Usted apuesta por la cultura tradicional como patrimonio de futuro cuando hay gente que lo desprestigia hablando de gaita y tambor ¿Valoramos más cualquier manifestación artística o actividad cultural que nos venga de fuera que lo propio? ¿Por qué?

En Asturias, una región tan rica como esta no hay ni un área de conocimiento de antropología o etnografía. La de Oviedo debe ser la única universidad de todo el país en la que eso no existe. Es necesario el estudio, la recuperación y la difusión del patrimonio tradicional. La antropología es una especialidad apasionante.

¿Cómo afecta el despoblamiento del medio rural en su trabajo?

Que nos quedamos sin informantes. Los mejores libros sobre nuestras tradiciones están en los cementerios sin haberlos leído y el paisaje, que es el otro libro en el que cada comunidad va escribiendo su historia, está emborronado y casi no se lee. Y las sociedades rurales lo transmitían todo por vía oral.

¿Qué opina de actos que proliferan por Asturias en los que se recrean algunos aspectos de la vida rural?

A menudo creemos que hacemos las cosas bien, pero si eso no encaja en el marco general de la cultura de la comunidad, eso se diluye y se convierte en una vulgarización y lo que acabas es convirtiendo a los nativos en actores para hacer un amagüestu o una esfoyaza. En ocasiones hay una falta de rigor. Ya lo he dicho, no se trata de obligar a volver al carro chillón, o a usar escarpinos y madreñas. Se trata de combinar tradición y modernidad.

¿Tiene futuro la Asturias rural?

Se está dando por toda Asturias algunos fenómenos en los que, con un cierto equilibrio, las actividades ganaderas se combinan con otras: artesanales, silvícolas, turísticas o de otro tipo, sobre todo en ganaderías de carne donde suelen combinar esas dos actividades y eso genera población. Pero habrá que esperar a ver qué pasa para hablar, o no, de continuidad. Ahora bien, en la situación actual de crisis y sin perspectivas de salida, probablemente algunos que pensaba en vender el ganado y cerrar la cuadra, igual se queda. Y eso puede ser un motivo de reflexión, pero el mejor argumento que podemos llevar para tratar de recuperar el mundo rural sería un buen estudio de su forma de vida, y por supuesto, evidentemente, con todos los adelantos tecnológicos modernos: internet, carreteras, teléfonos móviles, medicina…. Lo que no podemos hacer es llevar la cultura urbana al medio rural porque aunque pueden dialogar, son dos culturas distintas. La cultura rural debe ponerse en aquellos lugares donde las cosas adquieren prestigio: en la televisión, la prensa, la radio, en los libros, en los currículos académicos. Es necesario que haya investigadores.

Usted apuesta por el modelo del ecomuseo frente al museo etnográfico tradicional.

Se trata de recuperar las cosas allí donde nacieron, de mantener las relaciones entre espacio y cultura, de fomentar el senderismo y de generar recursos. El edificio sería el paisaje y la colección ese patrimonio. Los museos tienen muchas funciones, la primera de ellas la de recuperar ese patrimonio. Pero un museo no puede ser una colección de cachivaches, que los hay. Tiene que tener un discurso y decir cómo vivía la gente, tener socialidad.

¿Cuánto tiempo lleva trabajando en este libro?

El trabajo de campo lo inicié a finales de los 80. Los últimos años han sido de lecturas, de reflexión. Lo que se refiere al proceso de redacción del borrador se reduce a los últimos 14 meses Han sido muchas horas de trabajo.