Juan Ignacio Ruiz de la Peña. In memoriam

nacho, la nueva españa cobasEl pasado martes fallecía, en el Oviedo que le vio nacer, Juan Ignacio Ruiz de la Peña Solar (1941-2016), el gran medievalista asturiano. Licenciado en Filosofía y Letras y en Derecho, doctor en ambas disciplinas, ejerció la docencia en la Universidad de Oviedo durante 45 años. Catedrático de Historia Medieval, su obra es ingente en este campo.

Discípulo de don Juan Uría Ríu, heredó y compartió con su maestro la afición por la etnografía, afición que ya de muy joven, antes de su ingreso en la universidad, plasmó en un trabajo sobre la esfoyaza. Conocedor profundísimo de Asturias, nada de lo asturiano le era ajeno.

El sabio que bailaba el pericote, que tenía un traje de porruanu que vestía en las fiestas de Andrín y de la Guía de Llanes, el que jugaba a los bolos y cantaba vaqueiras, el que recitaba con emoción los versos de Acebal  -el gran poeta de la llingua asturiana-, fue también el sabio que apoyó a jóvenes investigadores en unos años en que la antropología, fundamentalmente en las décadas de los años 80 y 90, había perdido el inicial arraigo que podría haber tenido en la Facultad de Filosofía de Oviedo. Y es que fue la ruptura de Valdés del Toro con Gustavo Bueno, lo que condujo a la Universidad de Barcelona el emergente núcleo de antropólogos que podría haber habido en Oviedo; esta circunstancia dejó sin referente académico a Asturias.

De alguna forma, Ruiz de la Peña pudo ser el sostén y el hilo conductor desde el folklore del XIX y del XX hasta la moderna etnografía y la antropología. Asturianista independiente y honesto, promovió y prologó reediciones de libros de los estudiosos agrupados bajo el movimiento de La Quintana (años 80 y 90 del siglo XIX), y en torno al Centro de Estudios Asturianos (años 20 del siglo XX), de quienes se proclamaba heredero. Desde muy joven fue miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos y dirigió esta institución entre 2008 y 2013. Ejerció su magisterio fuera de los límites de la historia medieval, apoyando, con su generosidad sin límites, a jóvenes investigadores que luego habrían de seguir el camino de la moderna etnografía y de la antropología.

Como escriben desde el Muséu del Pueblu d’Asturias, fue “un permanente defensor del patrimonio cultural y uno de los mayores promotores de los estudios de etnografía y antropología en Asturias; desde sus cargos en la Universidad y el RIDEA fomentó los cursos y estudios en este campo”. En este sentido, cabe destacar que, en su etapa como Vicerrector de Extensión Universitaria, promovió los cursos de Etnografía en Grandas de Salime, que dirigieron Juaco López Álvarez, Armando Graña y Eloy Gómez Pellón. Fue fundador, así mismo, de la revista «Ástura. Nuevos cartafueyos d’Asturies».

Se distinguió por su defensa del patrimonio de Asturias, ya desde la Tertulia Noriega, que en 1962 lanzó un manifiesto contra la demolición del convento de Santa Clara de Oviedo. Más tarde, tuvo gran eco la demolición de la estación de Ferrocarril del Vasco, contra la que luchó desde la presidencia de la Asociación para la Defensa del Patrimonio.

Dirigió sendas tesis doctorales: a Adolfo García Martínez, el gran antropólogo asturiano y a Eloy Gómez Pellón, en la actualidad catedrático de Antropología Social en la Universidad de Cantabria. Ambas tesis fueron publicadas bajo los títulos siguientes: Los vaqueiros de alzada de Asturias. Un estudio histórico antropológico (1888) y Vida tradicional y proceso de cambio en un valle del oriente de Asturias: estudio antropológico del Valle de Ardisana (1994).

Persona queridísima, de inmensa calidad humana, Nacho, como por todos era conocido, falleció dejando un gran vacío y una huella imperecedera.

Sirvan estas breves e incompletas líneas como homenaje a su figura, aún sabiendo que está por hacer un análisis más profundo en aras a destacar su contribución a la antropología y al patrimonio asturiano.

Foto: La Nueva España.

La prensa ha recogido la noticia de manera prolija, tanto en sus ediciones en papel como en formato digital. Para más información: La Nueva España, El Comercio. Artículos de Esther Canteli, Pilar Sánchez Vicente y Rafa Balbuena.

 

 

 

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